Amparo Moreno

Amparo Moreno

Amparo MorenoHija del barrio de Sants (Barcelona, 1949), Amparo Moreno se ha convertido en una de las grandes de la escena teatral, y una de las más queridas por el público de toda España. Nunca ha renegado de sus orígenes en El Molino, donde durante años triunfó haciendo el papel de la vedette más atípica que ha visto jamás este teatro.

Actriz polifacética como pocas, ha triunfado en los escenarios de todo el país haciendo comedia y drama, trabajando con importantes directores, como Herman Bonnin o Rosa Maria Sardà. En el cine, con más de 60 de películas, ha trabajado entre otros con Fernando Trueba, Ventura Pons, Antonio Mercero o José Corbacho. Por el público catalán será siempre recordada por su extraordinaria participación a la serie de Tv3, “El cor de la ciutat”.

Amparo Moreno empezó su profesión en el Teatro Victoria en 1975 y después pasó a El Molino, donde trabajó durante 4 años (de 1984 hasta 1988).

Su carrera de actriz es impresionante: ha tocado todos los géneros y registros, estilos y medios: teatro, cine, televisión y radio. Ha trabajado con los grandes nombres de la escena española.

En teatro destacamos ¿Quién teme a Virginia Wolf? (dirigida por Hermann Bonnin, 1990), Shirley  Valentine (dirigida por Rosa María Sardà, 1994 y 2000-01), Misery (dirigida por David Plana, 1998) o Peer Gynt (dirigida por Calixto Bieito, 2006).

En televisión la hemos visto en numerosas series (Farmacia de guardia, Aida o Aquí no hay quien viva, entre otras) y en TV3, donde durante 9 años ha sido «la Trini» en “El cor de la ciutat”.

En el cine ha intervenido en más de 60 películas, entre otras Sal gorda (1983), Fernando Trueba; Puta Miseria (1990), Ventura Pons; ¿Qué te juegas Mari Pili? (1991), Ventura Pons; Chechu y família (1991), Alvaro Saenz de Heredia; Rosita, please (1994), Ventura Pons; En brazos de una mujer madura (1996), Manuel Lombardero; The Sea change (1997), Michael Bray; La ciudad de los prodigios (1998), Mario Camus; Morir (o no) (1999), Ventura Pons; La vida de David Gale (2003), Alan Parker; Tapas (2004), José Corbacho; ¿Y tú quién eres? (2006), Antonio Mercero.

A lo largo de su carrera ha sido galardonada con varios premios, entre ellos el Premio a la Mejor Actriz de la Associació d’Actors i Directors Professionals de Catalunya (1990), el Premio a la Mejor Actriz Secundaria de la Generalitat de Catalunya (1991) y el Premio a la Mejor Actriz teatral de la Generalitat de Catalunya (1994).

Entrevista: Amparo Moreno, una gran actriz con un gran corazón

Amparo Moreno empezó en el mundo del teatro como amateur, muy jovencita, en el Centre Catòlic de Sants, mientras trabajaba de secretaria de dirección. Un buen día se plantó y dijo aquello de “mamá, quiero ser artista”. Desde entonces, hace ya más de 30 años, nos ha hecho llorar pero, sobre todo, reir.

Hablar con Amparo es como hacerlo con una vecina de las de toda la vida. Es una mujer cercana, nada vedette, sencilla, que habla claro, hiperactiva y que adora su trabajo. Sentadas en una cafetería del centro de Barcelona, donde todos la conocen y donde saluda a todo el mundo, empezamos por una pregunta casi obligada:

¿Cuál es tu primer recuerdo del Paralelo?
Cuando era pequeña vivía con mis padres en Collblanc. Cogíamos el tranvía, el 57, que hacía el trayecto Sants-La Barceloneta, para ir a la playa. Cuando pasaba por delante de los teatros del Paralelo abría los ojos como platos: me encandilaban los carteles de los teatros, las señoras y los señores vestidos de domingo, la gente… Además el tranvía tenía una parada delante de El Molino, como si fuera una premonición. ¿Ves, nena?, es el destino: tuve la suerte de que la vida me hizo volver.”

Amparo Moreno, que ha trabajado con Rosa María Sardà, Herman Bonnin, o Antonio Mercero, no reniega jamás de sus orígenes molineros: al contrario, está muy orgullosa. La revista y el music-hall no son géneros menores; quien lo dude que vea ciertos programas que hacen ahora en televisión, llenos de insultos y groserías. Nosotras hacíamos, y yo continúo haciendo, un humor blanco pero inteligente, lleno de picardía implícita. La revista me eligió a mí: cuando recibí la llamada del empresario del Victoria diciendo que me quería contratar como vedette cómica, no lo dudé ni un momento. Dejé mi trabajo de secretaria y me fui al Paralelo. Después vinieron 4 maravillosos años en El Molino, con Ricardo Ardévol como empresario. Debuté con Eva León, y trabajé con Pipper y con Merche Mar. Con Merche somos comos hermanas. Salíamos después de los pases a tomar una copa, por el barrio, al Bocaccio o al Up&Down. Íbamos juntas a todos sitios, incluso pensaban que estábamos liadas…”. Pero nos confiesa que ahora se ha vuelto una mujer muy casera, que sale poquísimo. “Me levanto a las 5 de la mañana para empezar a grabar en Tv3 «El cor de la ciutat”. Cuando vuelvo por la tarde, me pongo a estudiar el guión del día siguiente: ¡imagínate si después me quedan ganas de salir por la noche!»

Otra cosa de la que está muy orgullosa, y nos lo dice sin tapujos, es de su edad (acaba de cumplir 60, ¡quién lo diría!) y de su figura.

¿Podríamos decir que eres una vedette atípica?
Yo siempre he estado gordita, pero estoy feliz con mi cuerpo, y siempre lo he lucido. ¿Y por qué no? Muchas veces, después de las representaciones, o por la calle, se me acercan señoras para darme las gracias por salir, sin vergüenza, con vestidos ajustados, de colorines o escotados. Hay que estar contento con el cuerpo que uno tiene”, afirma rotundamente. “He sido una vedette (y todavía hago algún bolo de vez en cuando por Cataluña), o una actriz cómica, como me gusta decir, atípica por muchas cosas, por lo que te decía de mi físico y mis números. En El Molino hice números con canciones de Gato Pérez, “Tira la gorda por la borda”, o de Ramon Muntaner, “Ámame ama”. Ése número fue el primer «sado-maso» del Paralelo con vestuario de Mariscal…” Atípica, innovadora y con un humor inteligente.

¿Cómo era El Molino de finales de los 80?
Un lugar donde la gente venía a pasarlo bien. Teníamos un público muy variado, de todo tipo. Hablábamos con ellos, hacíamos bromas constantemente. Y por allí pasaron los grandes personajes de la época, como Michelle Piccolí, María Casares, Berlanga o el mismísimo Fellini, con Giuletta Massina. Aquella fue una noche muy especial: en un palco había una pareja de recién casados que venían todavía con los trajes de novios puestos. Fellini nos preguntó si eran actores, si lo habíamos montado. Al saber que no, que era público normal, se quedó boquiaberto. El Molino en sí era felliniano”. Nos lo podemos imaginar: el rey del universo surrealista y neorrealista italiano sorprendido en un pequeño local de Barcelona.

¿Y cómo ves el Paralelo del futuro?
El Paralelo era nuestro Broadway, y para que vuelva a serlo hay que poner más luz y más seguridad en la calle. La buena gente ya la tenemos, nos sobran los otros… Si los vecinos de la Barceloneta son conocidos como «la hostia» (por su hermanamiento con el puerto italiano de Ostia y por su orgullo de pertenencia a un barrio tradicionalmente marinero), los de Poble-sec ¡son la rehostia! Me gustaría que el Paralelo fuera una calle dedicada a las artes escénicas, al arte de la calle. Quiero una calle viva, con terrazas donde toda la familia pueda pasar el día, con espectáculos para todos los públicos. Me gustaría que fuera un plató ciudadano, cívico y culto. Es el único ocio sostenible para los ciudadanos, y que de rebote atraerá turismo de calidad. Nos faltan iniciativas privadas nuevas e independientes, como la de El Molino. Es una manera de fomentar la cantera para los jóvenes y darnos trabajo a los mayorcitos. Nos hacen falta iniciativas en castellano y en inglés para atraer gente de toda España y de todo el mundo… y mira que yo soy catalana, pero el negocio es el negocio. Me gustaría que la gente viniese a pasar un fin de semana cultural a Barcelona, como ahora vamos a Madrid o a Londres a ver una obra o un musical. Cada vez hay más oferta, pero necesitamos más si nos queremos situar en el mundo.”

Amparo continúa explicándonos cómo ve el panorama del espectáculo y del teatro. Nos pregunta cuándo abrirá El Molino, cómo está el tema del Talía o del Arnau. «Quiero todos los teatros abiertos. Quiero volver a trabajar en el Paralelo. ¿Sabes?, -nos dice muy seria- si haces un Shakespeare, aunque sea malo, el público presupone que haces teatro de calidad, como si por hacer según qué obras ya fueses un buen actor. Yo creo que es mucho más difícil hacer reír. Hacer feliz al público, a la persona que tienes a tu lado, es una obligación moral. En cierto sentido los cómicos somos los «sanadores» de la sociedad moderna: hacemos reír al público, que nos necesita, y nosotros, los actores, necesitamos al público”. Estamos de acuerdo, Amparo: ¡el público te necesita, y en Poble-sec siempre serás bienvenida!.

Entrevista original: FEM PARAL.LEL, separata del diario ZONA SEC / Octubre de 2009

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