Carmen Amaya

carmen amayaCarmen Amaya, «La Capitana», es la bailaora de flamenco más grande de todos los tiempos. Bailaora, cantante y actriz, nació el 2 de noviembre de 1918 en las chabolas del Somorrostro (Barcelona), en el seno de una familia gitana con gran tradición flamenca. Su padre, Francisco Amaya «El Chino» se ganaba la vida tocando la guitarra por las tabernas. Cuando Carmen tenía tan solo 4 años comenzó a salir con su padre, cantando y bailando mientras él tocaba la guitarra.

El empresario José Sampere la vio y la llevó al Teatro Español de Barcelona, pero debido a que era una niña había problemas legales para que pudiera actuar y supuestamente mintieron sobre su edad, por lo que en algunas fuentes consta que nació en 1913.

Es durante esos años cuando debuta en varios locales de Barcelona, entre ellos El Molino.

Sebastián Gasch realizó la primera crónica sobre la artista en 1929 para el semanario Mirador: «Imagínense ustedes a una gitanilla de unos catorce años de edad sentada en una silla sobre el tablao. Carmencita permanece impasible y estatuaria, altiva y noble, con indecible nobleza racial, hermética, ausente, inatenta a todo cuanto sucede a su alrededor, solita con su inspiración, en una actitud tremendamente hierática, para permitir que el alma se eleve hacia regiones inaccesibles. (…) De pronto un brinco. Y la gitanilla bailaba. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. El tablao vibraba con inaudita brutalidad e increíble precisión. La Capitana era un producto bruto de la Naturaleza. Como todos los gitanos, ya debía haber nacido bailando. Era la antiescuela, la antiacademia. Todo cuanto sabía ya debía saberlo al nacer. Prontamente, sentíase subyugado, trastornado, dominado el espectador por la enérgica convicción del rostro de La Capitana, por sus feroces dislocaciones de caderas, por la bravura de sus piruetas y la fiereza de sus vueltas quebradas, cuyo ardor animal corría pareja con la pasmosa exactitud con que las ejecutaba. Todavía están registrados en nuestra memoria cual placas indelebles la rabiosa batería de sus tacones y el juego inconstante de sus brazos, que ora levantábanse, excitados, ora desplomábanse, rendidos, abandonados, muertos, suavemente movidos por los hombros. Lo que más honda impresión nos causaba al verla bailar era su nervio, que la crispaba en dramáticas contorsiones, su sangre, su violencia, su salvaje impetuosidad de bailadora de casta«

Es también en esa época cuando Vicente Escudero la vio bailar, y aseguró que Carmen Amaya revolucionaría el baile flamenco, porque «era la síntesis de dos grandes estilos: el de la bailaora antigua y el estilo trepidante del bailaor en sus variaciones de pies«.

En 1935 actúa en el teatro Coliseum de Madrid, lo que supone su consagración a nivel nacional y le abre las puertas del cine, consiguiendo un papel en “La hija de Juan Simón” y saltando al estrellato con su papel protagonista en «María de la O«.

En 1936, al estallar la Guerra Civil, decide marcharse con su familia y embarca hacia Argentina, donde consigue un éxito tan grande que decide quedarse, viajando por todo el continente y actuando en los principales escenarios americanos y europeos, dando a conocer el flamenco fuera de España. Destacamos su actuación en el Carnegie Hall de Nueva York, y en la casa Blanca, delante del Presidente Roosevelt.

Carmen Amaya fue portada de multitud de revistas y las personalidades más importantes del mundo del arte y la cultura cayeron rendidos a sus pies. Desde 1942 se convirtió en una de las atracciones más grandes de Hollywood. Interpretó una versión de El amor brujo de Manuel de Falla, en el Hollywood Bowl, ante veinte mil personas, con la Orquesta Filarmónica.

Viajó a París y Londres. En uno de sus viajes a Londres actuó para la reina Isabel. Al día siguiente, la portada de The Times mostraba un titular que habla por sí solo: “Dos reinas cara a cara”.

En 1947 regresó a España, ya convertida en una estrella incontestable. Sus años en América y Europa le habían servido para perfeccionar su arte y para que su fama creciera a nivel mundial.

En 1952 se casó con el guitarrista Juan Antonio Agüero, miembro de su compañía, un «payo» de una distinguida familia de Santander, con el que vivió una auténtica historia de amor.

carmen amayaDurante el rodaje de su última película, “Los Tarantos”, en la primavera de 1963, la enfermedad renal incurable que padecía se vio agravada, a pesar de lo cual acabó el rodaje. Durante una actuación en agosto del mismo año, Carmen no llegó a terminar su actuación. Estaba bailando uno de sus números, cuando de pronto le dijo a Batista: «Andrés, terminamos«.

Su muerte el 19 de noviembre de 1963, en su casa de Bagur, supuso una gran pérdida no sólo para el flamenco, sino para el mundo del baile en general. «La Capitana», como se la conocía, se convirtió en mito, y sigue siendo a día de hoy la figura más importante del baile flamenco de todos los tiempos. Nadie antes bailó como ella. Y, de momento, nadie ha bailado como ella.

En 1964 los maestros León y Solano compusieron la copla Aquella Carmen dedicada a la memoria de Carmen Amaya, que decía: «Se murió Carmen Amaya, y España entera lloró».​

En 1988 se fundó en el Pueblo Español de Barcelona el «Tablao de Carmen» como homenaje a Carmen Amaya en el mismo lugar donde bailó para el rey de España, Alfonso XIII, durante la inauguración de la Exposición Internacional de 1929. El Tablao de Carmen expone parte del legado fotográfico de Carmen Amaya.

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