Christa Leem

CL-26-682x1024Christa Leem (Barcelona, 1953-2004) fue la artista que revolucionó el streptease de los años 70 y 80, musa de la “gauche divine” y de la intelectualidad barcelonesa. Miembro de una saga de artistas de circo, músicos, cantantes y bailarines, fue la séptima generación que se dedicó al show bussines.

Triunfó en El Molino, en la Cúpula Venús y en teatros de toda España, Italia, Grecia e Israel. Su cuerpo y sus movimientos transmitían ingenuidad, elegancia y sensualidad. Actuaba con una puesta en escena sencilla, como si bailara en la intimidad de su casa, sin público.

Murió de un cáncer a los 51 años. Su foto preside el Golden Bar de El Molino, un pequeño homenaje a esta gran mujer.

Carmen Wernoff, madre de Christa Leem, explica que la primera vez que la vió actuar, tuvo que sentarse: “Todo empezó cuando un día mi hija me dijo que necesitaba mi permiso para debutar como gogó en una discoteca. Yo no sabía lo que era eso. La fui a ver y tuve que sentarme para recuperarme”.

Aquella discoteca estaba situada en la Plaza Gala Placidia de Barcelona, y fue allí donde se inició la relación artística entre Christa y Barcelona. Durante los años 70 y 80 Christa convirtió el streptease en un acto diferencial, dándole elegancia, sensibilidad, arte escénica y, naturalmente, sensualidad.

Con un bisabuelo portugués, un abuelo de ascendencia francesa y un padre polaco (el acróbata de circo Werner Trenczek), Christa creció en el seno de una familia de artistas. Su madre, Carmen Wernoff (Carmen Picot, 1920-2019), también artista (presentadora de circo y artista de cabaret), una vez recuperada de su sorpresa inicial, la ayudó, la acompañó e incluso compartió escenario con ella en alguna ocasión.

Su número “La camisa”, con música de Morricone, creó un nuevo concepto de striptease, y se convirtió en un referente del género.

Su talento no pasó desapercibido para un olfato entrenado como el de Doña Vicenta, que la contrató, y Christa triunfó en el escenario de El Molino. Cuentan que, como también trabajaba de gogó en la discoteca Lord Black, en cuanto entraba por la puerta de El Molino subía directamente al escenario.

Christa se convirtió en la musa de la gauche divine barcelonesa y de la intelectualidad de la época: fue fuente de inspiración para Antonio Álvarez Solís, Juan Marsé, Antonio de Senillosa, Arturo San Agustín… y especialmente para el poeta Joan Brossa, que llegó a crear un número para Christa. “Brossa me entiende mucho, y es que no todo el mundo captaCL-35 cómo soy. Doy mucha psicología y Brossa la capta. Quizá me entiende tan bien porque está tan loco como yo”, dijo Christa de su peculiar relación. El espectáculo ideado por Brossa se grabó en el Teatro Arnau, sin público, en 1977. Durante muchos años las imágenes fueron proyectadas únicamente para auditorios muy reducidos y en contadas ocasiones.

A principios de los 80 Christa decide llevar su espectáculo fuera de España, y da a conocer su personal interpretación del striptease en lugares como Italia, Grecia o Israel. Joan Estrada la localizó en Israel y la convenció para que regresara a Barcelona, esta vez a la Cúpula Venus, donde triunfó con los espectáculos “Para Cúpula con Amor” (1982) i “Christa Leem” (1985).

Protagonizó películas como  ‘Street Warriors‘ (1971),  “Las alegres chicas de El Molino” (José Antonio De la Lloma, 1976) o “La oscura historia de la prima Montse” (Jordi Cadena, 1976); en 1977 Antoni Ribas le dió un papel en “La ciutat cremada”, y Ventura Pons la convirtió en protagonista del musical “Rocky Horror Show” en el teatro Romea; ese mismo año un premio FAD Sebastià Gasch a las artes escénicas la acabó de consagrar como una artista única.

Fue la primera stripper que hizo un desnudo integral en televisión; era el año 1977, frente a las cámaras del programa “Mirador”, interpretando una performance de Joan Brossa titulada “Striptease català”. Y lo volvió a repetir en 1984, frente a las cámaras de TV3, en el programa de Àngel Casas, “Àngel Casas Show”, generando una gran polémica en una sociedad aún no liberada de sus tabús sexuales.

De ella se han escrito cosas como: “Cuando se encienden los focos, una figura tocada con sombrero, camisa blanca y falda ancha ocupa el centro simétrico del escenario. Un cigarrillo humea entre sus labios. Bajo el ala corta del sombrero emerge una cortina rubia de cabellos. Y al primer acorde musical, convulsionada por un ritmo trepidenta de batería, la figura se descompone en una danza que une contorsionismo y mimo para, en breves segundos, lanzada la camisa sobre una tarima y desfallecida la falda a sus pies, mostrar un cuerpo blanco, brillante en la purpurina adherida a la piel, que todavía guarda un último reducto de ropa: un tanga minúsculo que segundos después parece que no exista. Es la desnudez blanca del deseo, el desnudo más allá del desnudo en sí mismo: es Christa Leem”. (El País).

En enero de 2013 se presentó en TV3 el documental “La camisa de Christa Leem”, que, a partir de imágenes de archivo y testimonios de personas relevantes en su vida, construye la historia de una artista única: sus orígenes familiares y artísticos, la evolución de su carrera, las conexiones con la cultura barcelonesa del momento y la dimensión del striptease como manifestación artítisca. Pero la película habla también de la relación entre dos generaciones de artistas; Carmen Wernof, vedette clásica del music-hall, y Christa Leem, artista imposible de encorsetar, la relación de dos mujeres, madre e hija.

La Camisa de Christa Leem

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