El Molino, un edificio del siglo XXI con un alma centenaria

EL MOLINO

El Molino

Fachada de El Molino entre 1926 y 1936

Esta historia empieza a finales del siglo XIX con una tasca y cien pesetas. La Pajarera, se llamaba, y su dueño la vendió a un nuevo propietario que montó, cómo no, un tablao flamenco sin saber que en realidad lo que creaba era el germen de un icono. Sólo necesitó tres años para convertirlo en el punto de referencia de un Paralelo que acabaría siendo la avenida con mayor número de espectáculos de Europa.

Pero si algo caracteriza a esta casa es su capacidad de adaptación. Un ejemplo: estamos en el año 1905 y un nuevo empresario compra el lugar y no se le ocurre otra cosa que instalar un Gramphone Gaumeont. ¿Que qué es eso? Pues ni más ni menos que un proyector de cine, eso sí, el primero de esas características en instalarse en España. Lo dicho, adaptados y a la vanguardia.

Pero la historia fluctúa y todo cambiaba a la velocidad del rayo en una Barcelona, la de principios de siglo, en plena ebullición. Un dato para que se hagan una idea; sólo en el Paralelo y en menos de diez años, después de La Pajarera abrieron nueve teatros y once cafés cantante.

Ustedes se preguntarán que de dónde viene el nombre. Pues bien, en 1908 ya fue bautizado como Le Petit Moulin Rouge, a imagen y semejanza del de París. En 1929 estrenó sus aspas, de la mano del arquitecto Josep Alemany. Tener un nombre español le costará aún un poco: nada menos que una guerra y una censura, la franquista. El rechazo a todo lo que fuera extranjero llevó a que los comercios, restaurantes, teatros y salas de fiesta de toda la ciudad vieran cambiar sus nombres por otros más de la tierra. De esta manera, llegó El Molino.

 

La platea

escenario El Molino

Actuación de las chicas del Team Molino en el escenario

En este escenario estuvieron las más importante vedettes de todas las épocas. Pero no sólo ellas. Aquí ha habido flamenco, cuplé, rumba o tango. También grandes actores: de Mirko a Pipper, pasando por Escamillo o el gran Johnson. Y cómo no, Merche Mar.

Merche Mar, vedette de la casa desde los 13 años, es la persona que probablemente más sepa de este lugar. Tocaba el acordeón y las conoció a casi todas: Mary Mistral, la Chelito o la más grande entre las grandes, la Bella Dorita. Todas ellas y muchas más se subieron a este escenario, alternaron en la barra y vieron pasar a gentes de todos los estratos social y rincones del mundo.

Aquí se rodaron películas. La primera, El último cuplé de Sara Montiel, y sólo fue el inicio de otras muchas. El cine ha tenido una relación de amor con esta casa. Si no, que le pregunten a los que queden vivos sobre el día que se presentó Fellini y se celebraba una boda. ¡No podía creer que fuera cierto! Y es que como muy bien escribió una vez el periodista Lluís Permanyer, aquí el otro espectáculo es el público.

 

Los camerinos

Aquí se fragua buena parte de la historia secreta de la Barcelona más canalla, la que fue famosa en el mundo entero y donde la libertad se expresaba dentro de estas puertas mejor que en ningún otro lado. Shhhhhhh, no hagan ruido, que aquí se gesta la magia.

Les he hablado antes de la censura, que era una lata, por supuesto, pero agudizó el ingenio de quienes aquí trabajaban. Sin ir más lejos, el portero tenía un timbre en la puerta que encendía una luz roja en esta sala para avisar a la compañía de que venía la policía que vigilaba que los espectáculos fueran decentes. ¡La de veces que debió encenderse!

Contaba Doña Fernanda, una de las dueñas en aquella época, que hasta cien multas había tenido que pagar por no cumplir las normas de la decencia que exigía el régimen franquista. Pero sabemos que aquel timbre y la luz roja, evitaron muchas más.

 

Primer Anfiteatro

Anfiteatro

Vista de platea desde el primer anfiteatro

Desde aquí se puede ver la vida de otra manera. Hace años se quedaban aquí las personas que no querían ser vistas. Si no, que se lo pregunten a Robert de Niro, a quien tuvimos disfrutando de nuestro show en 2011. Aquí, sentados, tomando una copa, han pasado miles de barceloneses a la largo de la historia.

Desde aquí observaban a La Bella Nena cantar cuplés y después tangos. Era el periodo entre las dos guerras mundiales. Un momento en el que mejor era olvidar que pensar en lo que ocurría. La neutralidad española posibilitó que la gente viniera aquí a disfrutar y olvidar la guerra. Fue un momento álgido para el lugar y para el Paralelo en general. Y aunque en el inicio se había ofrecido mucha zarzuela y luego triunfó el cuplé, entre una guerra y la otra, el cuerpo pedía rumba.

La rumba, ay, la rumba, ese sonido tan de Barcelona… Aquí la han bailado hace poco Lady Molino y sus chicos en el espectáculo RUMBA EXPERIENCE, pero en épocas pasadas eran Granito de sal, la Bella Dorita o Lola Montiel quienes se contoneaban al ritmo más barcelonés del mundo escandalizando al respetable. Pero aquí ha cabido y cabe de todo. Si en los años 30 tuvimos a Carmen Amaya mostrando su energía racial a golpes de tacón, pocos días antes de que India Martínez recogiera su Goya por la canción de la película El Niño, daba un concierto para 200 personas en nuestra sala.

El Molino, además de ser casa de artistas, ha sido escuela para ellos. Hemos hablado de Merche Mar, pero son muchos los que siguen formándose con nosotros. Aunque hay cosas que no se aprenden, eso es cierto. Por ejemplo la habilidad que han tenido siempre las artistas de esta casa metiendo “morcillas”. ¿Que qué son las morcillas? Pues las insinuaciones, los cambios de guión y las picardías que había que inventar sobre la marcha cuando la censura apretaba. Les he hablado antes de Doña Fernanda y la censura; pues bien, que no se pagaran más multas también se debió a la gracia de las chicas, que sabían muy bien meter esas morcillas y cambiar el rumbo de la función sobre la marcha.

Ahora, por suerte, no hay nadie vigilando esas cosas, pero hay que tener muchas tablas para salir cada día al escenario y enfrentarse con un público exigente. Y al final, eso lo saben todos los artistas, para que una improvisación salga bien, hay que ensayarla.

 

Golden Bar

El Molino

Golden Bar, la coctelería con terraza de El Molino

Una de las joyas de la casa: el Golden, nuestro bar querido, ahí donde seguramente sería muy feliz un mítico camarero de la casa, Llisas, que siempre decía que en todos los años que trabajó en el Paralelo, y fueron muchos, nunca sirvió un botellín de agua mineral.

A muchos les sorprende que aquí también se coma. Y resulta que en 1901, ¡El Molino ya tenía restaurante! Por eso se ha recuperado esa parte de la gastronomía, se organizan cenas, comidas y, como ya les hemos dicho, preciosas bodas.

Como les hemos explicado antes, esta historia empieza a finales del siglo XIX con una tasca y cien pesetas, que para quienes no lo sepan, eran poco más de 50 céntimos de los de ahora. Nunca tan poquito dio tanto de sí, en esencia y en historia. ¿Imaginaban que daba para tanto una sala de fiestas? Pues esto sólo es el principio, pues estamos dispuestos a aguantar al menos cien años más.

 

 

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